Por: Gregory Bardales Pereyra
Sociólogo
Henrique Capriles, le ha dado
–sin saberlo– una lección al congresista Luis Galarreta, de Alianza por el Gran
Cambio. En el mensaje que ofreciera al mundo tras la muerte del presidente
Hugo Chávez, el líder de la oposición venezolana declaró que “una cosa es el
ser humano y otra sus posiciones y acciones”.
El congresista Galarreta ha demostrado que no sabe hacer tal distinción, al negarse a respetar el minuto
de silencio que se ofreció en el Congreso por el fallecimiento de Chávez y al
celebrar este deceso como una suerte de liberación del pueblo venezolano.
Tal conducta fue catalogada con
furia como “vergonzosa” por parte del congresista Daniel Abugattás de Gana Perú, quien además exigió que Galarreta se
rectificara. Algún tiempo después, ya más calmado, Abugattás pidió disculpas a
nombre del Parlamento “al pueblo venezolano por las infelices declaraciones de este congresista”, (¿“de este infeliz” habría dicho el coprolálico
Lisuratás?).
“Si el señor Abugattás quiere
hacer un minuto de silencio por la muerte del exdictador es su problema. A mí
no me pueden pedir que yo retire la palabra, esa es mi posición política”,
decía el congresista Galarreta, mientras Capriles ofrecía un mensaje “desde el
respeto” y “desde la responsabilidad”, sin que ello signifique abdicar a su
posición ideológica. Capriles lo tiene muy claro, según sus propias palabras: nunca
fue enemigo de Chávez, sólo su adversario político.
Cuando Galarreta asegura que el
pueblo venezolano se siente “liberado” con el deceso de Chávez, es incapaz de
advertir que él mismo necesita liberarse de la dictadura de su propia
ideología, que más temprano que tarde le hará perder de vista su propia
humanidad.
No deja de llamarnos la atención
que la muerte sea celebrada precisamente por alguien con una discapacidad
física, la cual adquiere inevitable notoriedad cuando el congresista blande sus
garfios con vehemencia en su disputa con Abugattás. Todos usamos prótesis,
algunos usan prótesis físicas insertadas en el cuerpo (brazos y piernas
ortopédicos, por ejemplo); la mayoría, prótesis físicas no insertadas en el
cuerpo (celulares, computadoras, dinero, etc.); otros usamos prótesis
intangibles, pero sea cual sea la naturaleza de las prótesis, éstas siempre cumplen
la misma función: vienen a paliar el dolor de alguna pérdida y de esa forma nos
permiten continuar con nuestra existencia.
Es el dolor de la pérdida en el
otro lo que se le olvida a Galarreta. Porque cuando “comprendemos los
sentimientos de dolor”, como Capriles, entonces es cuando nos encontramos frente
a frente con la dimensión exacta de lo que significa ser un ser humano y esto
es lo que nos separa de las hienas.
Recuérdelo siempre, señor
congresista Galarreta: “una cosa es el ser humano y otra sus posiciones y
acciones”. No sea tan duro, se nos ha ido un ser humano, y no cualquier ser
humano, se trata de uno muy amado por millones, no sólo en su patria sino en el
mundo entero; igualmente odiado por muchos, no lo dudo, pero qué personaje que
ha dejado huella en la historia no provoca las mismas polarizaciones.
Bien por Capriles y bien por la
derecha venezolana. Cuánto tiempo más faltará para encontrar este mismo nivel
de madurez política en nuestra tan cuadriculada y a veces des-almada derecha lorcha.


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