Por: Gregory Bardales Pereyra
Sociólogo
¿Ha tenido alguna vez la extraña
sensación de que todo esto que llamamos realidad no es más que una ilusión?
Varias son las películas que nos revelan la terrible verdad de estar viviendo
un mundo ficticio, en el cual somos manipulados por algún tipo de conciencia
superior, nos desafían a despertar del
sueño y a buscar la verdadera realidad. Piso 13, The Truman Show y la taquillera Matrix son sólo algunas de
ellas.
En Matrix, por ejemplo, encontramos una escena muy ilustrativa a propósito de este asunto. Luego de mostrarle la verdad de los mundos existentes, Morfeo le pide a Neo que escoja entre dos píldoras: si toma la píldora de color azul será como si no se hubiera enterado de nada, no recordará nada y seguirá viviendo la “normalidad” de la vida que lleva dentro de Matrix; en cambio, si decide por la píldora roja su salida de Matrix será permanente, despertará del sueño que hasta ahora había vivido para percibir cómo son en realidad las cosas y, desde luego, entrará a formar parte de la Resistencia.
Por supuesto, no hay que ser cinéfilo para saber cuál es la “elección correcta”, porque si Neo elije la píldora de color azul se acaba la película y regresamos estafados a casa; sin duda, el héroe debe elegir la opción que ya viene prefigurada como la más digna o la más emancipadora; notemos que la tragedia de Neo radica en que sólo puede escoger dentro de las opciones que ya le vienen estipuladas, según las valoraciones que ya le llegan prefabricadas, no tiene posibilidad alguna de poner él las reglas del juego, sólo debe someterse y jugar; por ello,es crucial formularse algunas preguntas: ¿dónde es que se producen estas píldoras?, ¿cómo es que automáticamente las validamos como realmente existentes? y ¿por qué aceptamos sin más las valoraciones que sobre ellas se formulan? Nuestro gesto crítico-radical debe pasar por saber identificar la fuente de ese menú de opciones, dicotómica y maniquea: he ahí nuestra Matrix, el laboratorio donde se fabrican ambas píldoras.
La Resistencia
Ambas opciones -Poder y Resistencia- deben entenderse dialécticamente como una unidad de contrarios, generadas desde un mismo universo simbólico. El problema radica en que toda Resistencia surge en respuesta al Poder y, por consiguiente, no puede evitar
retroalimentarlo. Cada vez que la Resistencia invoca su propia identidad
necesariamente refuerza la identidad de su Némesis como una realidad más esencial. De ahí que resulta fundamental para los propósitos de la Resistencia negar los códigos que permiten formular la Resistencia misma, en tanto son generados desde el mismo orden simbólico que se pretende socavar. Por consiguiente, la ilusión de un pensamiento crítico plenamente autónomo y autosuficiente termina reforzando la dominación, en tanto se asumen libres quienes no son más que súbditos. Parafraseando a Pierre Bourdieu diríamos que cuando pretendemos pensar el capitalismo, en realidad es el capitalismo el que nos piensa.
La Ilusión
de las Dos Píldoras
La cuestión clave que debemos resolver es en qué momento estamos sometidos a Matrix y cuándo hemos logrado escapar de ella. Recordemos que los sujetos liberados de Matriz aún no están plenamente salvados (todavía hay dos películas más para terminar de hacerlo). Además, la comparación que se hace entre Matrix y la Sociedad Capitalista Contemporánea es bastante estereotipada. En general, los sujetos no son tan acríticos con la realidad en que viven ni son tan fácilmente manipulables, como se les presenta al interior de Matrix; es perfectamente normal que las personas vivan dentro del orden establecido, sometidas voluntariamente a él, cínicamente conscientes de su naturaleza, extrayendo el máximo provecho que puedan.
De otro lado, aquellos sujetos abiertamente críticos con el sistema, conscientes de la manipulación, muy rara vez romperán totalmente con el orden simbólico, incluso merced a la píldora roja. De hecho, suele ocurrir que luego de cuestionar teóricamente el estilo de vida consumista que nos impone el sistema, ese mismo sujeto -en su práctica efectiva- participe como un agente consumista en el mercado (de la misma forma en que renegamos del racismo a nivel discursivo pero lo terminamos reproduciendo en nuestra práctica racista de todos los días). De modo que la Matrix puede mantenerse y reproducirse demasiado bien incluso después de habernos dado cuenta de su naturaleza, porque la manipulación ideológica no es fundamentalmente consciente y teórica sino inconsciente y práctica.
La Tercera
Píldora
El filósofo y psicoanalista esloveno
Slavoj Zizek ha planteado la necesidad de introducir una tercera píldora en la
disyuntiva planteada por Morfeo. Una que nos dé la capacidad de discernir los
puntos ciegos del orden simbólico en el que vivimos, incluyendo aquellos propios de la ideología crítica que pretende colocarse al margen.
Para Zizek, no es posible experimentar la realidad sin algún tipo de orden simbólico que ya la prefigure de antemano, por lo cual, aun cuando supuestamente ya hemos sido “liberados” de nuestra prisión en Matrix, todavía nos faltaría –parafraseando a Marx- liberarnos de nuestros liberadores y de esa nueva realidad que se presenta como la verdadera e indiscutible.
Esta tercera píldora también nos ayuda a reconocer el necesario carácter ficcional de toda realidad, presente y futura. En efecto, la fundación de cualquier orden simbólico implicará siempre alguna cuota de contingencia (siempre pudo haber sido de otro modo) y arbitrariedad, esto significa que debe ser impuesto en su origen por medio de la violencia.
Sin embargo, los sujetos "olvidan" esta violencia originaria -más precisamente, la reprimen- para asumir el orden establecido como inevitable, eterno y natural; todo esto por una razón muy sencilla: aun cuando no nos es posible llegar al conocimiento absoluto de la verdad existe la necesidad de presentar la verdad como absoluta, con el fin de sostener tanto el normal funcionamiento de la sociedad como la seguridad existencial de los sujetos.
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